"EDUCAR HIJOS INTERACTIVOS" (Fernando García Fernández y Xavier Bringué Sala)
Si el siglo XV fue testigo de la revolucionaria aparición de la imprenta, el XXI lo es de la espectacular proliferación de "pantallas". Ahora bien, si la letra impresa tardó varios siglos en popularizarse, los bits lo han inundando todo sin apenas darnos tiempo para pensar en lo que nos está pasando: la tecnología avanza más rápido que nuestra capacidad para asimilarla. Basta con fijarse algunos datos para entender la magnitud de lo que algunos llaman la "revolución digital": el número de internautas en el mundo supera ya los mil millones; los servicios de juego en red cuentan con casi 700 millones de usuarios; el portal de videos en Internet YouTube sirve cada día más de 100 millones de películas.
Si el siglo XV fue testigo de la revolucionaria aparición de la imprenta, el XXI lo es de la espectacular proliferación de "pantallas". Ahora bien, si la letra impresa tardó varios siglos en popularizarse, los bits lo han inundando todo sin apenas darnos tiempo para pensar en lo que nos está pasando: la tecnología avanza más rápido que nuestra capacidad para asimilarla. Basta con fijarse algunos datos para entender la magnitud de lo que algunos llaman la "revolución digital": el número de internautas en el mundo supera ya los mil millones; los servicios de juego en red cuentan con casi 700 millones de usuarios; el portal de videos en Internet YouTube sirve cada día más de 100 millones de películas.
Diversos estudios permiten conocer, con profundidad y rigor, el impacto y la penetración en nuestro país de pantallas como Internet, teléfonos celulares, videojuegos, etc. Así, en los hogares es más comun tener cuatro computadoras que ninguna, aunque lo más habitual es disponer de dos o tres, de las cuales una está conectada a Internet. Lo normal es que haya varios teléfonos celulares y diversos dispositivos para jugar con videojuegos. Cámaras de vídeo y fotografías digitales, reproductores de música en los más variados formatos, DVD y el cine en casa. Todo ello mientras se mantiene la presencia de la más antigua de las pantallas, la del televisor, no en vano, se cuentan dos o tres por hogar, siendo tan frecuente tener cuatro como uno.
Partiendo de estos datos globales sobre uso de las pantallas entre niños y jóvenes se descubren varias realidades. Por un lado, la evidente prominencia de estos medios entre un público tan particular, por otro la inexorable aparición de nuevas cuestiones -tanto comunicativas como educativas- no explicables desde la tradición científica aplicada al ámbito televisivo.
En los adolescentes, su habitación constituye un espacio virtual, íntimo y propio. No es un fenómeno novedoso, pero la presencia y disponibilidad de pantallas permiten ahora construir ese espacio de una forma distinta: un lugar de aislamiento para conectar con el mundo de iguales, para jugar en red, para navegae por Internet, etc. En este sentido, uno de cada cuatro menores de edad reconoce tener una computadora en su propia habitación. A esto hay que añadir que aunque el celular no sea utilizado únicamente en la habitación, sus características crean un espacio único, individual e íntimo entre la pantalla y el usuario. En este sentido, tres de cuatro menores mantiene el celular prendido mientras estudia o hace la tarea en su habitación o cuarto de estudio, lo que le permite estar conectado con sus compañeros y amigos, y dos de cada tres, reciben mensajes o llamadas cuando están en la cama. La pequeña pantalla también tiene una presencia importante en las habitaciones de niños y adolescentes; casi cuatro de cada diez niños pueden ver la televisión fuera de la sala de su casa, porque el televisor se encuentra o en su habitación o en la de algún hermano.
Lo que ya parece evidente es que todo este maremoto tecnológico debe tener alguna influencia en la manera de enfrentarse al mundo, debe representar algún cambio sustancial en la sociedad. Y eso que durante algún tiempo los educadores hemos errado el disparo al no situar correctamente el punto de mira: nos hemos fijado excesivamente en la pantalla, en la propia tecnología, sin percatarnos de que lo que realmente importante estaba al otro lado de ella, en el ser humano que la usaba.
La tvgeneration ha dado paso a la Generación Interactiva: los niños y adolescentes de hoy, de la mano de la tecnología, están modificando los modos de comunicarse, estudian, sobretodo, relacionarse. La fuerza de esta nueva generación puede verse reflejada en muchos de los datos que se han mencionado, pero sobretodo, se manifiesta en como todos estos medios han configurado una nueva forma de entender el mundo. Quizá aún no tengamos la suficiente perspectiva histórica como para predecir en su totalidad el cambio que supone el paso de una cultura basada en la escritura a una cultura digital; sin embargo ya podemos apreciar algunas modificaciones que deberíamos empezar a considerar en la educación.
La tvgeneration ha dado paso a la Generación Interactiva: los niños y adolescentes de hoy, de la mano de la tecnología, están modificando los modos de comunicarse, estudian, sobretodo, relacionarse. La fuerza de esta nueva generación puede verse reflejada en muchos de los datos que se han mencionado, pero sobretodo, se manifiesta en como todos estos medios han configurado una nueva forma de entender el mundo. Quizá aún no tengamos la suficiente perspectiva histórica como para predecir en su totalidad el cambio que supone el paso de una cultura basada en la escritura a una cultura digital; sin embargo ya podemos apreciar algunas modificaciones que deberíamos empezar a considerar en la educación.
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